Tuesday, October 25, 2005

Un Perro Andaluz

La vanguardia francesa de los años veinte


Fruto de la explosión creativa de la década de los años veinte, los creadores franceses también aportaron lo suyo. El pintor cubista Fernand Leger y su socio artístico Dudley Murphy crearon una danza de objetos en El ballet mecánico (1924), al mismo tiempo que Francis Picaba escribía el guión de Entreacto (1924) para que el realizador francés Rene Clair terminara de armar un verdadero manifiesto dadaísta. Varios integrantes del movimiento se dan cita en la película, y así vemos a May Ray jugando al ajedrez con Marcel Duchamp, mientras Picabia y el músico Eric Satie aparecen cargando un cañon. Famosa es la imagen de la carroza funeraria rodando por las calles.
Elementos geométricos propios de la pintura moderna rodean el proyecto de Emak Bakia (1927) de Man Ray, quien volvería a disponer de un guión escrito por Robert Desnos en La estrella del mar (1928.Junto a El retorno a la razón (1923), estas obras configuran una auténtica trilogía experimental y vanguardista medio camino entre el dadaísmo,el arte abstracto y el surrealismo se ubica La coquille et le clergyman (1928),donde Germaine Dulac puso en pantalla un texto de Antonin Artaud,a los que seguirían títulos como Disque 927 (1929), y Rythme et variations (1930),ensayos visuales y musicales.
Al terminar la década, dos bombas artísticas remecen el panorama cinematográfico europeo. Un perro andaluz (1928) fue el resultado de una confluencia de sueños entre el realizador Luis Buñuel y el pintor Salvador Dalí.Este cortometraje es el filme surrealista por excelencia y constituye un ataque frontal a la tradición del cine clásico aniquila totalmente la noción de relato fílmico, para ofrecer un abanico de fragmentos que evocan la irracionalidad de los sueños y el delirio. La imagen de la navaja atravesando el ojo de una mujer es uno de los fotogramas memorables de la historia del cine. La siguiente película de ambos también fue producida en Francia y financiada por los aristócratas Charles y Marie-Laure de Noailles.La edad de oro (1930) es una exaltación del amor loco y narra los obstáculos que debe superar una pareja para consumar su pasión. A la moral burguesa representada en el clero, los autores proponen la libertad del instinto. En su momento el escándalo no se hizo esperar y la película fue boicoteada y atacada ferozmente. Con el paso del tiempo, se acumulan los estudios y ensayos interpretativos de la provocación Buñuel-Dalí, con sucesivas referencias al psicoanálisis freudiano y al Marqués de Sade, este último como patrono de la rebeldía artística.






Georges Melies (1861-1938)

La figura del llamado mago de Montreuil, localidad donde construyó sus estudios cinematográficos, es la de un entrañable creador de imágenes. Fue el primero en creer en el cine como fuente de imaginación y fantasía. El primero en reconocerse como un artista detrás de la cámara y el primero en liberar la imagen en movimiento de su dependencia con la realidad en bruto. Si las tomavistas de los Lumiere eran un mero registro de la agitación cotidiana, Melies logra liberar al cine de su condición de máquina puesta al servicio de la apariencia de los seres y objetos.
En su obra maestra Viaje a la luna (1902), Melies establece su declaración de principios. Armado de un arsenal de trucajes fotográficos, maquillaje, efectos ópticos, decorados artificiales y nutrido vestuario a la manera teatral, el primer cineasta del siglo XX rindió tributo a a la creatividad desatada. Melies llevó hasta las últimas consecuencias su ideario artístico, al punto de perder el control comercial de sus obras. El que por su capacidad de imaginar mundos futuros fuera saludado como el Julio Verne de la naciente cinematografía, luego de la guerra del 14 desapareció de escena perdiéndose en la marginalidad y el abandono. Cuando lo descubrieron vendiendo baratijas en una estación del metro de París, fue conducido a un asilo donde terminó sus dias. Los homenajes no se hicieron esperar, porque todos vieron en él al precursor de la modernidad.
Los títulos de su filmografía, A la conquista del Polo, 20.000 leguas bajo el mar, Viaje a través de lo imposible, hablan de la enorme voluntad de crear mundos y universos que solo podían existir como imagen proyectada. Le correspondió al joven Henri Langlois, fundador de la Cinemateca Francesa, salvar de la destrucción los filmes de Melies y permitir que la posteridad disfrutara de las obras de un auténtico primitivo del séptimo arte.Como ocurre muchas veces en el arte, Melies fue superado por la enorme maquinaria que él mismo puso en movimiento. Los grandes empresarios vieron el tremendo potencial del cinematógrafo y de inmediato entraron a administrar lo que Melies había sembrado. Es verdad que el gran pionero terminó en la quiebra financiera, experimentando la soledad y el desamparo,pero las últimas fotografías captadas antes de su muerte lo muestran como un ser humano todavía sereno y feliz, todavía dispuesto a asombrarse de que sus fantasías se hayan convertido en legado para todos los creadores del mundo. Con razón el historiador Georges Sadoul escribió que Melies había sido el Ucello y el Giotto de los albores del cine. O sea, un pintor de los sueños.